Nudismo al abrigo de las dunas

‘Textiles’ y naturistas disfrutan de esta playa en un enclave natural protegido
Primer viernes del mes de agosto. Camino de Marbella por la carretera de la costa malagueña, las playas se suceden desde Torremolinos hasta Fuengirola. Largos arenales, pequeñas calas o estrechas franjas de arena salpican el litoral de la Costa del Sol. Todas ofrecen una imagen casi calcada: chiringuitos, parcelas de hamacas, servicios de alquiler de hidropedales, piraguas o motos acuáticas, y sombrillas, muchas sombrillas, donde la gente se resguarda del sol lo más cerca posible de la orilla.

La cosa cambia en cuanto se llega a la playa de Artola-Cabopino, nada más rebasar el término municipal de Mijas, ya en la costa de Marbella. Esta playa, de unos 1.250 metros de largo por 40 metros de ancho, se encuentra enclavada en un paraje natural protegido conocido como Las Dunas de Artola, declarado monumento natural y cuyo valor reside en el cordón dunar que la delimita.

A ella se accede en coche por la N-340 (carretera de Cádiz) tomando el desvío de Cabopino. Al llegar a la segunda rotonda se ha de continuar la cuesta hacia abajo, donde se encuentra un aparcamiento asfaltado y vigilado.

La entrada a la playa se hace por la zona textil, cercana al puerto de Cabopino y delimitada por dos espigones. Aquí, esta playa no urbanizada ofrece un sinfín de servicios, los cuales desaparecen conforme se avanza hacia la derecha, adentrándose en la zona naturista de Cabopino, al abrigo de las dunas.

Chiringuitos, restaurantes, vigilancia, puesto de la Cruz Roja, servicio de limpieza, parcelas de hamacas… Todo lo imprescindible para quienes prefieren un día de playa con todo el confort posible se halla en el área cercana al puerto.

“Es una playa estupenda. La arena es fina, no como en otras de la zona, llenas de piedras o de limo, y además el agua siempre está cristalina”, afirma María José Entrambasaguas, una madrileña “fija” del veraneo en Marbella y de la playa de Cabopino. Ese encanto lo resume en la “belleza y calidad” de la playa y en la “gente tan tranquila” que a ella acude. “No tenemos ningún problema con los nudistas. Aquí hay sitio para todos”, asegura sonriente. Y es que, Cabopino es junto a las playas de Maro, Cerro Gordo y Almayate, en la costa de la Axarquía, uno de los templos del nudismo de la Costa del Sol.

Según se avanza hacia la derecha, en dirección a Marbella, la playa va ganando en cuerpos desnudos que se doran al sol. Esta zona queda delimitada por la torre de Los Ladrones, una construcción árabe de altura que data del siglo XVI y que está protegida y declarada Bien de Interés Cultural.

“Aquí no hay problemas por compartir la playa. Desde siempre se ha practicado el nudismo y, pese a algún que otro mirón, nunca se producen enfrentamiento ni quejas”, señala Erik Lidenman, un joven alemán asiduo a los veranos en Marbella desde su niñez. “De pequeño venía con mi hermana y mis padres al camping de Cabopino, pero ahora lo hago con mi novio y mis amigos”, añade.

Además de un espléndido arenal de fina arena donde tostarse al sol, Cabopino ofrece muchas posibilidades para el turismo activo, ya sea deportivo o natural. Famosa por su roqueo, es muy buena para bucear y pescar, pero hay que tener cuidado y llevar los pies bien cubiertos, por la gran colonia de erizos de mar que la habitan.

Además, la playa del Puerto de Cabopino, es muy apreciada por los surfistas, ya que gracias a sus espigones las corrientes que se generan hacen que las olas entren paralelas a la playa.

Para quienes prefieran algo menos de actividad, el monumento natural de las Dunas de Artola ofrece un tranquilo paseo en el que descubrir sus riquezas naturales, como su interesante vegetación, entre la que destacan las sabinas y los perfumados narcisos de mar; además de sus formaciones dunares, fijas y móviles.

Al caer la tarde, el puerto deportivo de Cabopino, con capacidad para 169 amarres, es un buen refugio donde rematar la jornada refrescándose con un helado o una copa en algunas de sus terrazas.

Fuente original: El País.

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